El veneno está en las creencias, no en el ser de los pueblos. Todas las guerras tienen un trasfondo de creencias fanáticas. Sobre todo las monoteístas. Puesto que cada una de ellas exige la exclusividad para su propio dios. O, para la forma propia de entender y honrar a su dios. Los dioses pueden ser idénticos, o parecidos. Pero, la forma peculiar de dirigirse a ellos, busca resaltar la singularidad de cada uno. A partir de ahí, se exige supremacía del dios propio. Sin relevos.
Todas las guerras modernas tienen un trasfondo de dogmas fanáticos. Quienes están tras ellos, son los instigadores ocultos de las luchas. Aunque, ante los creyentes, se presenten como amantes de la paz. Con un trasfondo: que les den lo que exigen como propio, después, prometen paz.
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Blog de Emilio del Barco