En mi niñez leí la noticia en un períodico nacional, que un sacerdote estaba estimatizado. Desde entonces le he seguido por artículos. He leído su biografía y he estado ante su cripta. No hay más ciego en esta vida que quién no quiere ver. Es un místico de nuestro tiempo. No dió conferencias, no hizo congresos, sólo su humildad y el Sacramento de la confesión y la comunión. El estará siempre con los que le solicitan, ya lo dijo. En este hombre humilde, pobre y sacerdote estaba y está el "Dedo de Dios" |