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Algunos fraudes científicos famosos

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261 - Algunos fraudes científicos famosos

Enviado por Rafael Barzanallana - 2 Agosto 2007
La historia guarda en su memoria una gran variedad de fraudes científicos. En algunos casos se debe a la invención de pruebas científicas. Tras dar a conocer Charles Darwin en 1859 su famosa teoría de la evolución, un geólogo aficionado, Charles Dawson, presentó un cráneo del que aseguraba que era "el eslabón perdido entre el simio y el hombre". Sin embargo, se descubrió más tarde que el "Hombre de Piltdown", como se le llegó a conocer al haber sido encontrado supuestamente en dicha zona de Inglaterra, no era más que un cráneo humano actual pulido hasta haberle dado una forma simiesca. A mediados del siglo XIX, un grupo de científicos aseguró que había descubierto la materia que dio origen a la vida, una sustancia viscosa extraída en aguas irlandesas, cuando se trataba en realidad de una mezcla de barro y alcohol.

Pero los fraudes pueden ser en ocasiones mucho más peligrosos, sobre todo cuando se pone en peligro la salud de las personas. En 1998, un grupo de científicos anunciaron en Londres que un estudio que habían publicado en una importante revista científica, The Lancet, relacionaba la vacuna tripe viral (sarampión, parotiditis y rubéola) con la presentación de los síntomas de autismo, lo que produjo una caída en el número de niños vacunados, con el evidente peligro que ello suponía. Sin embargo, posteriormente se descubrió que el investigador principal había recibido una importante suma de dinero de una asociación de niños con autismo, que podría utilizar dicho estudio como prueba en un juicio contra la compañía productora de dicho fármaco.

En ocasiones, las publicaciones científicas también ponen en evidencia los 'rigurosos sistemas de control y calidad científica'. En este sentido, se tiene constancia de diversos casos, como el del físico Jan Hendrik, que con 32 años publicó 80 artículos en dos de la revistas más prestigiosas, Science y Nature, y del que se comprobó que había inventado o alterado datos, o el de los investigadores del centro Max Delbrück de Medicina Molecular de Berlín Friedhelm Herrmann y Marion Brach, de los que se demostró que habían manipulado y falseado datos en al menos 94 artículos. Para dejar en evidencia que el control de las revistas científicas no es tan bueno como se cree, Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, logró publicar en 1996, en la revista Social Text, un texto inventado y sin sentido.

A pesar de ello, los controles suelen funcionar y hay quien trata de saltárselos y dar así a conocer a la opinión pública unos supuestos descubrimientos, como el caso de la conocida como "fusión fría". En 1989, los investigadores Stanley Pons y Martin Fleischmann anunciaban ante los medios de comunicación la invención de un sistema sencillo, barato y limpio de producir energía nuclear sin haberlo publicado en una revista científica, por el supuesto miedo a perder la exclusividad del invento. Sin embargo, tras el paso de los meses, ningún otro científico del mundo logró reproducir los resultados de Pons y Fleischmann.

En España también se tienen constancia de algunos fraudes, o cuando menos, de flagrantes fallos en los sistemas de control de las publicaciones científicas. Antonio Arnaiz Villena, jefe de inmunología del Hospital Doce de Octubre de Madrid, publicó en la revista "Human Immunology" un artículo, que fue retirado poco después por el editor, en el que supuestamente demostraba que los palestinos tienen una fuerte correspondencia genética con los judíos y otros pueblos de Oriente Medio.

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