Nos encontramos en el siglo XXI con grandes avances de la tecnología, impensables hace unos años, que deben su aparición al gran desarrollo de la ciencia en el siglo XX. Sin embargo las creencias, habitualmente sin ninguna base real, invaden a grandes sectores de la población mundial. De nada vale la gran difusión que alcanza la información en internet y los medios de comunicación en general, para que una parte de la población mundial base su vida en las creencias y no en las evidencias (será porque es más fácil creer que pensar), pareciendo que viven en la Edad Media..
La práctica de un sinnúmero de acciones supuestamente encaminadas a mejorar la economía, atraer al ser amado, e incluso alejar de sus vidas a personas indeseables o las "malas energías", conjuntamente con las supersticiones de una u otra manera constituyen parte de la "incultura" de muchos pueblos, siendo las naciones de América Latina abundantes en creencias, algunas de las cuales son el denominador común en la vida cotidiana, incluso por parte de hispanos radicados en otros países fuera de su continente.
Seguidamente se copian casos reales descritos en el periódico el Diario la Prensa (Nueva York, EE.UU.), por el periodista Héctor Calderón Proaño.
"Nosotros tenemos la idea de que si le pedimos a otra persona que nos pase sal, ya sea en un restaurant o en nuestros hogares, al recibirla también esa persona nos esta pasado toda su mala suerte", señala el dominicano Roy Alexandre, quien agrega: "para tener buena fortuna en todas las actividades que hagamos diariamente, regamos dos botellas de cerveza frente a la casa donde vivimos, o también tiramos al suelo arroz crudo en el establecimeinto donde funciona nuestro negocio para atraer más clientes".
"De pequeño recuerdo que cuando mi madre prendía la leña para hacer fuego, si lanzaba chispas ella comenzaba a bailar y levantando su falda decía "San Pascual bailón que llegue tarde que llegue temprano", considerando que las chispas fuesen una señal de que iba a recibir una buena noticia, en caso contrario, si la noticia era mala, agregaba la frase "sino que no llegue", esas palabras las repetía varias veces siempre bailando y con su falda hacia arriba", nos dice sonriendo Alberto Rijo, un hombre de 65 años de edad, nacido en un sector del campo de República Dominicana.
"Tomamos cuatro cabezas de ajo y las amarramos en una tira de tela roja, de 10 a 15 centímetros de largo, conocida como satín, la cual colocamos en diferentes sitios donde funciona nuestro establecimiento comercial, con ello buscamos elevar el número de clientes y así ganar más dinero, o lanzamos sal frente a los negocios con igual propósito", dice el mexicano Guillermo Flores.
A diferencia de los mexicanos, los ecuatorianos tienen la creencia de que si riegan sal en cualquier sitio, la mala suerte los va acompañar a todo sitio y cualquier actividad que emprendan va a tener un pésimo resultado.
"Yo no lo hecho nunca, pero mi madre comento a la familia en cierta ocasión que una tía que vivía en el campo, en la sierra, en varias oportunidades se había acostado con algunas papas vestidas con ropa de sus muñecas, incluso dormía con ellas; mi madre pensaba que su tía también estaba jugando pero luego se entero que lo hacia pensando que de esa manera iba a tener más hijas", expresa Marcia Quitizaca, descendiente de una india de la sierra ecuatoriana.
"Mi madre tenía por costumbre colocar cuatro ramas de una mata llamada ruda en una botella transparente con agua fría; luego escondía la botella para que nadie la viera; según ella eso traería buena suerte", expresa el salvadoreño Mauro Gómez, quien agrega: "cuando el agua se ponía sucia, de color oscuro, ella la cambiaba; si las ramas cogían un color feo ponía otras, y así cada dos o tres meses hacía lo mismo.
Pero no todos buscan alcanzar la fortuna económica a través de la práctica de algunas creencias; otros desean conseguir cosas más sencillas, como alejar de sus casas a seres indeseables. "Si una persona que no es de nuestro agrado visita nuestra casa, cualquier miembro de la familia corre a colocar una escoba al revés atrás de la puerta principal, con el fin que se vaya rápido", señala la ecuatoriana Ana de Rodríguez.
"Recibir del conductor de un transporte urbano un "boleto capiqua" (cuando los números del boleto leídos al revés son iguales, por ejemplo 41-3-14), escuchar el tango "Adiós Muchachos", ponerse el suerte (abrigo) al revés, todo ello atrae mala suerte", comenta el argentino Jorge Zasimczuk, oriundo de Buenos Aires.
"Clavamos una herradura o en su defecto colocamos una rama de sábila, en la parte superior, de la puerta principal de la casa donde vivimos, lo hacemos con el criterio de alejar de nuestras vidas las malas vibras que algún enemigo nos pueda desear, con el empleo de la herradura y la sábila buscamos vivir en un ambiente de paz y armonía%u201D, expresa la colombiana Luz Amanda Giraldo.
"Con el fin de obtener una buena economía le pegamos a un búho, o también colocamos un elefante de espaldas hacia nosotros, "adornos hechos de madera o cualquier otro material", para atraer al ser amado colocamos la imagen del santo san Antonio al revés y con la fotografía de la persona de la cual deseamos conseguir su amor", dice la salvadoreña Geraldina Somoza.
Sin lugar a dudas las creencias de carácter religioso también forman parte del vivir cotidiano de millones de seres humanos , las mismas que las ponen de manifiesto a través de diferentes maneras. Tal es el caso de la ecuatoriana Rosa Valarezo quien expresa: "Yo tengo en mi cuarto un pequeño altar con mis santitos; de vez en cuando les prendo unas velas y les pido que me ayuden a resolver algunos problemas que tengo yo o algún ser querido. No les rezo a las imagenes de madera sino a lo que ellas representan, les pido eso sí con mucha fe, incluso a veces me pongo de rodillas".
Desde objetos confeccionados por diferentes materiales hasta el uso de frutas, no importa, lo valioso es conseguir vivir en paz y armonia. "El 31 de diciembre cogemos un coco duro, lo pelamos y durante todo el año lo movemos de un sitio a otro dentro de la casa, sin que nadie sepa el lugar donde se encuentra escondido, tenemos la idea que al coco irá a parar la mala suerte en vez de ir hacia nuestras vidas, el último día del año a las 12 de la noche lo lanzamos a la calle", señala el cubano Juan Asón.
"Yo tengo por costumbre colocar en una botella bolitas de alcanfor con alcohol o también hacer sahumerio, con el fin de alejar toda cosa mala que alguna persona que me tenga envidia me quiera hacer a través de alguna brujería; de vez en cuando me acostumbro a bañar con agua azucarada para la buena suerte", dice la puertoriqueña Carmen Cepeda.
Con el devenir del tiempo más de una de las creencias van quedando en el olvido de las poblaciones y sólo reposan en la memoria de los mayores, hasta el punto que algunas cuando son contadas a las actuales generaciones, en la mayoría de los casos, son motivo de burla. |
Curiosamente junto a dicho artículo aparece un anuncio gráfico publicitando "Tú horóscopo, por El Prodigio". |