El hecho de que mucha gente inocente ha sucumbido-y sigue sucumbiendo- impotente ante la fuerza de poderosos ejércitos, que muchos dictadores han hecho de la desaparición de sus oponentes una de sus prácticas más siniestras, o bien que millones de judíos, kurdos, africanos y otras personas han sido asesinadas despiadadamente es algo que nadie pone en duda. De hecho, ante la contundencia de las pruebas, y frente a las objeciones de sectores minoritarios en las sociedades democráticas, se van creando leyes de alcance internacional que penalizan su puesta en cuestión. Así, el llamado
"negacionismo", o "revisionismo", constituye más una impostura política que una postura analítica. Desde un punto de vista histórico, siempre será posible efectuar todo tipo de análisis e interpretación respecto de los hechos políticos, sociales o económicos que produjeron tales dramas, pero de los propios hechos, como los recién aludidos, difícilmente podrían negarse o "revisarse".
Al igual como ocurre con los estudios históricos, la ciencia no escapa a estas peculiares, a veces muy puntuales y casi insignificantes imposturas, pero que consideradas sus influencias por separado, pudieran constituir en conjunto una amenaza para el desarrollo científico y tecnológico. En el caso de las ciencias, lo que entendemos corrientemente por "duda" es una virtud de la que todo auténtico investigador o investigadora se valdrán para extender las fronteras del conocimiento. Ciertamente, existen pilares que se van construyendo a lo largo de muchos años de trabajo colectivo, pilares que son conceptos más o menos estables en el tiempo y de los cuales no es tan sencillo dudar, o directamente de los cuales ya no cabe ninguna duda, como el que nuestro planeta es esférico (o aproximadamente esférico) y que gira en torno al sol, que algún día habremos de morir, o que los dinosaurios no convivieron con los primeros representantes de nuestra especie, etc.
Ante los hechos en cuestión se pueden adoptar posturas diversas. Por ejemplo, y habida cuenta de la escasez del agua dulce para consumo humano en el planeta, podríamos desear que lloviera más a menudo en las desérticas y vapuladas tierras del África meridional. Podemos angustiarnos por ello, y hasta podemos sentirnos impotentes e indignados, pero hasta aquí, nada de lo que sintamos cambiará el hecho en sí: la escasez de agua dulce. Y sin embargo, también somos conscientes que tal calamidad podría, si no evitarse, al menos mitigarse con medidas técnicas y políticas adecuadas. Este punto es importante, porque es entonces cuando nos percatamos que nuestras opiniones y nuestras convicciones respecto de la ciencia y de la técnica pueden producir o modificar otros hechos concretos en la sociedad. Claro está, es evidente que hasta el día de hoy nos resultaría imposible manipular el clima a voluntad como para permitir que la lluvia caiga allí donde se necesita. No contamos con los medios técnicos para ello. Y pese a ello, a nuestra lista de victorias en la lucha "contra madre natura" se suman el haber logrado erradicar la viruela, el relativo control de bacterias de extrema peligrosidad, y hasta el haber "paseado" en la mismísima luna, proezas que hasta no hace mucho se creían irrealizables, pero que hoy son tan reales como las letras que usted lee en este momento.
Como se puede notar, vista desde una perspectiva práctica, la duda tiene bastante utilidad si antes se reconocen los hechos tal y como son. Entonces podremos ponernos manos a la obra y eventualmente modificarlos en nuestro provecho. En la tecnología como en la física básica, se podría decir, es válido el principio de Arquímedes según el cual necesitamos "un punto de apoyo para mover el mundo". Y en el terreno de las ciencias, ese punto de apoyo lo constituyen justamente los pilares que han sido construidos prolijamente a lo largo de décadas y siglos. Sin embargo, en las extensas fronteras de las ciencias existen constantes asedios. Muy alejados de cualquier laboratorio que se precie de serio y confiable, casi siempre desde el mundillo de las pseudociencias se lanzan severas críticas a numerosos avances técnicos y científicos. Estas críticas no se tratan de dudas constructivas, sino directamente de la negación de hechos concretos y de realidades patentes.
Este negacionismo no tiene tanto que ver con la epistemología como con la sociología, pues hay quienes no están interesados en cuestionar el "saber hacer" científico "no tienen el rigor para hacerlo", sino que atentan inútilmente contra los pilares en los que se asientan las ciencias en la actualidad, y así indirectamente a la influencia que éstas tienen en la sociedad. Sorprendentemente, esta forma de "terrorismo intelectual" no envía kamikaces a ningún centro neurálgico del auténtico mundo científico, mas al contrario, por debajo de una manga muy larga y tan oscura como la noche, extrae de repente los pilares de una supuesta "realidad alterna" que debiera hacer de contrapeso a las ciencias. Así, repentinamente nos cuentan que "la herencia de los caracteres adquiridos" (como era propuesta por Lamarck) está "confirmada experimentalmente por Paul Kammerer", o que, según los estudios de un señor Béchamp, "la asepsia es inútil porque virus y bacterias patógenas pueden "generarse directamente" en nuestros organismos". Son verdades tan evidentes que se han escondido al público. Se tratarían en la mayoría de casos de "realidades" que de tan reales han sido "escamoteadas" a favor de oscuros y perversos intereses. ¡Y otra vez aparece la paranoia del complot! Esta vez no son los francmasones, ni el Opus Dei, y ni siquiera la CIA. ¡Esta vez son los científicos!
Entre quienes sostienen tales afirmaciones los hay también de aquellos de menor talla. Especulando con las cifras, podríamos decir que por cada lunático confirmado existen diez medio lunáticos. Estos últimos no van tan lejos como para afirmar que la Tierra es plana o que lo que la NASA busca en el espacio es oro y no conocimiento, y en cambio pueden afirmar que el efecto invernadero es un proceso esencialmente natural en el que los humanos no tenemos nada que ver, o simplemente que sustancias como el DDT no son realmente tóxicas y que han sido retiradas del mercado por razones económicos antes que sanitarias. Y no obstante la poca profundidad de tales aserciones así como su frágil argumentación científica, son quizás el tipo de opiniones que más daño logran causar a la imagen de la ciencia. Sobre la influencia y la repercusión concreta en la opinión pública de éstos "medio lunáticos" en particular, convendrá regresar en otra ocasión.
Por ahora hemos visto que los lunáticos negacionistas convencidos no necesariamente pretenden cuestionar las bases mismas de la ciencia, porque en cierto sentido a veces pretenden valerse de las mismas (siempre de forma truculenta) para avalar sus estrambóticas conclusiones. Como quiera que fuere, las "verdades alternas" que nos proponen tienen necesariamente una influencia palpable en la sociedad, influencia que se materializa en una cultura, en un saber hacer, y hasta en un mercado alternativo al propuesto por la racionalidad. Desde la búsqueda incesante de la "energía vital de los plexos corporales" hasta la práctica de "viajes astrales", pasando por curiosas dietas (en las que es necesario masticar el arroz cuarenta veces, ¡ni una más, ni una menos!), este auténtico "way of life" se fundamenta en la negación sencilla y explícita de verdades irrefutables. En el terreno de las libertades personales que debieran garantizarse en cualquier sociedad democrática, la disensión respecto de algunos tópicos es aceptable, y hasta necesaria. Así, si pese a lo que pudieron aprender en la escuela hay todavía quienes realmente creen que a través de la meditación, o de las operaciones astrales protegerán sus vidas de diversos males, a lo mejor hagamos más bien defendiendo su libertad que su salud. Y no obstante ello, no podríamos afirmar que la totalidad de los partícipes del "mundo alternativo" del esoterismo son "ciudadanos convencidos", pues en este mundillo a aparte y con sus propias reglas existen ciertamente más "ciudadanos de hecho que por derecho", es decir, es un mundillo al que se ingresa más por ignorancia que por convicción, pues los adeptos se multiplican a causa de haber sido involucrados por terceros que por decisiones personales.
Aun así, numerosas prácticas curativas, alimenticias, así como acabadas y precisas pautas de vida se multiplican y ponen en marcha. Prácticas que involucran a terceros pero que originalmente pudieron haber sido motivadas por "convicciones personales". Afirmar que una dieta específica y una serie de ejercicios orientales atenuarán un cáncer u otros males, es algo que supera la simple opinión personal. Cuando se llega hasta este punto es que el tenue límite entre la no aceptación de realidades y su
negación propiamente tal se ha franqueado. Es tarea de quienes vivimos en el humilde pero muy concreto mundo donde dos y dos son cuatro evitar que simples verdades se asesinen a diario. Más temprano que tarde, la historia revelará las fosas allí donde la verdad fue enterrada y nos dará la razón.
Fuente:
El Escéptico Digital (ARP-SAPC)
Autor: Cristián Garvía Araoz