La energía es uno de esos conceptos que todo el mundo maneja pero que parece no tener un significado preciso. Realmente lo tiene y muy preciso, pero es un concepto realmente abstracto. Y nadie ha conseguido crear una imagen intuitiva de lo que puede ser la energía.
No pretendo desde luego hacer lo que hacen mejor que yo los libros de texto, sino que quiero jugar con la intuición del lector para mostrarle lo complicada que es la relación entre nuestro juego de cálculos y predicciones en física y nuestra imagen mental del mundo externo, cómo una interfiere con la otra a veces de forma negativa --piensen por ejemplo en las famosas paradojas de la mecánica cuántica--, pero a veces de forma tremendamente positiva. De hecho, personalmente tengo la convicción de que entender el mundo que nos rodea consiste nada más y nada menos que en crear modelos matemáticos que hagan predicciones para luego intentar adaptar nuestra intuición a lo que nos sugieren esos modelos, creando analogías que nos resulten más familiares al mundo que es capaz de recrear nuestro cerebro y así seamos capaces de construir analogía más elaboradas que impliquen modelos también más elaborados, en una especie de retroalimentación entre modelos y analogías.
Por otro lado, los libros de texto a veces no sirven a muchas personas interesadas. Recuerdo a un colega profesor de matemáticas que estaba muy interesado en la física pero que encontraba los libros de física en general como matemáticas aplicadas que no le decían nada relevante sobre lo que él de verdad quería saber. Hasta que le recomendé que leyera a Richard Feynman. Feynman era muy atípico en sus cursos de introducción a la física. No le importaba hablar de cosas que los demás físicos no se atreven a hacer muchas veces por no dejar entrever su dudas razonables sobre un montón de aspectos y por no parecer informales. Pero a veces es eso lo que la gente que va buscando respuestas más aprecia.
Richard
Feynman hizo quizás la mejor de las analogías que nadie haya hecho. Voy a contarla con alguna variación respecto a la original con objeto de abreviar. Imagine el lector un niño con un juego de lego con 28 piezas todas iguales. Su madre le abre todos los días la caja de legos, se la da al niño y al final del día cuenta todas las piezas para comprobar que efectivamente están las 28. Un día descubre que sólo hay 25 bloques y que el niño está jugando con una cajita cerrada. Pero el niño le impide mirar en la caja para ver si faltan las tres piezas --ya saben cómo se ponen los niños cuando uno los contradice--. Pero como no hay nadie más listo que una madre en esas circunstancia, inventa un ardid para no tener que mirar en la caja.
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Ecos del Futuro (Blogalia)
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