¿Cómo es posible que el mismo hecho sea visto e interpretado de mil maneras distintas, hasta convertirlo en mil verdades diferentes, con valores diversos? La ceguera de las creencias no deja ver las verdades fácticas, sino a través del filtro interpretativo que ellas aportan. La fe no es cuantificable, se siente, o no se siente, eso es todo. Después, el deseo de ver más, hace el resto. Dependiendo del grado de delirio que domine a cada creyente.
Los hombres inventaron los dioses, idealizando cualidades humanas. Desechando toda lógica, prescinden de la realidad, para volar en alas de la fantasía. A la gente sencilla, se la conquista, relatándole hazañas de personajes que alcanzan las mayores cimas de lo imposible. Que tales relatos sean o no realidad, es lo de menos. Lo importante es captar su atención y hacerles creer que algunos privilegiados pueden realizarlos, favoreciendo a quienes creen en ellos. Cree quien quiere creer. Las creencias van de dentro hacia fuera. A quien necesite creer, no le hace falta un predicador que lo
convenza. Se convence solo. Lo cierto es que, sin quitar certeza religiosa a los textos históricos, se ve el camino histórico recorrido por las convicciones.
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Blog de Emilio del Barco